Primero que nada, quiero agradecer infinitamente a Soy Deudor el permitirme compartir mi caso con ustedes. Siendo franca, no sabía que mi amigo estaba en una situación como la mía. Caras vemos, deudas no sabemos, eso me queda claro.
Dicho lo cual, comienzo a presentarles mi caso: Mi trabajo consiste en ventas de espacios publicitarios en un conocido diario de la capital. El sueldo base está en los estándares del mercado, pero con lo que pude hacer muchas cosas fue con mis comisiones. Tuve la oportunidad de comprar mi departamento por medio del INFONAVIT y lo pagué en menos de cinco años, así como mi carro del que pude dar la mitad de su valor como enganche y lo demás a crédito.
Las tarjetas de crédito nunca las tuve en mente, hasta que tuve la necesidad de sacar una para tener un celular en plan. Lo recuerdo perfectamente, fui a la sucursal más cercana de mi casa, llené el contrato, presenté mis documentos y a los quince días llegó mi flamante tarjeta DORADA con un propio. Fue un momento emocionante, el abrir el sobre y ver que mi nombre en relieve estaba plasmado en un pedazo de plástico. ¿El límite del Crédito? En ese momento fue de $30,000.00
Ahí comenzó un oscuro camino de adicción a las tarjetas. La segunda me la ofrecieron en Palacio de Hierro y como en ese tiempo podía darme el lujo de comprarme ropa de ahí, la acepté.
La tercera fue American Express porque salí de viaje al extranjero y no quería llevar mucho efectivo, así que la solicité y sin ningún empacho me la dieron.
¿Las demás? No recuerdo sí las pedí o me hablaron o me atraparon los promotores, pero de pronto tuve en mi haber 10 plásticos, todos con líneas desde los 100,000.00 hasta los 40,000.00 una bomba terrible.
Ya con ellas en mis manos, me sucedió algo terrible: Estaba corriendo en un parque y en una vereda no me fijé que había unas ramas atravesadas y tropecé con ellas. Sí bien la caída no fue tan terrible, las consecuencias si lo fueron, me lastimé seriamente la cadera y el tratamiento me impedía caminar, por lo menos durante tres meses.
Fui al médico, pero al no ser accidente de trabajo, la incapacidad me la dieron “INDEFINIDA” por el 50% de mi salario, o sea que con 3,000.00 pesos no solo tengo que sobrevivir, sino también pagar todas mis deudas.
¿Porqué puse casi al tope las tarjetas? Supongo que como a muchos que no sospechaban ver sus ingresos mermados de un día para otro, me confié. En este punto quiero aclarar que siempre pagué totales, nunca mínimos por lo que me encontraba en estándares de cliente preferencial en por lo menos dos bancos.
Una vez llegada a mi casa del hospital y sin familia que me ayudara, tuve que contratar a una persona que me asistiera ya que mi única compañía es mi gato Poncho.
Así se fueron mis ahorros, en medicamentos , doctor particular (que por este pude salir más rápido), enfermera, comida, luz, agua, teléfono, despensa y finalmente en tarjetas. De un día para otro dejé de pagar totales para pasar a mínimos. De los mínimos pasé a sacar de una tarjeta para pagar otra, de eso pasé a empeñar alhajas y relojes, finalmente eran ellos o mi alimento. Pues tuve que decidirme por mi.
Apenas comienza mi historia. Ha pasado un año desde mi accidente y tres meses de que deje de pagar. En efecto las llamadas son constantes, mañana tarde y noche. Aún no tengo el disgusto de enfrentarme a los despachos, pero siento que ya no tardan.
Aún no regreso a laborar al 100%, ya me dieron de alta pero por obvias razones no puedo desempeñarme por ahora en mis ventas porque es un trabajo de campo y no se me permite caminar más de un kilometro al día. Mis patrones me dieron trabajo para casa, lo cual les agradezco ya que por lo menos tengo Internet y computadora para no sentirme aislada y lo más importante, aún cobro por lo menos mi salario normal al mes.
Y es precisamente en estos momentos cuando uno descubre que los caminos del Señor son misteriosos. Por una casualidad me encontré con Soy Deudor, al que tenía años de no ver para enterarme de que el también estuvo en esta penosa situación. Al platicar me comenta de su blog del que rápidamente me hago lectora y al mismo tiempo me sirve de catarsis para llevar mi situación.
Les agradezco mucho sus opini0nes, todas son de un gran valor no solo para mi, sino para todos aquellos que estamos desesperados por no poder afrontar nuestros compromisos.
Nuevamente muchas gracias y por aquí estaremos al pie del cañón.
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