No te llenes de calma
No reserves del mundo
Sólo un rincón tranqulo
No dejes caer los párpados
pesados como juicios
No te quedes sin labios,
no te duermas sin sueño
No te pienses sin sangre
No te juzgues sin tiempo
Mario Benedetti
En este mes de mayo se cumplen cuatro años que dejé de pagarle al banco. Ahora lo recuerdo y me río. HSBC me “festejó” el 10 de mayo con una buena mentada de madre al quedarse con mi poco dinero y no reconocer el pago porque la fecha de corte era el 11 y debía de pagar, según ellos, mínimo 72 hrs antes. Esto, por supuesto, no lo dicen en ningún lado de sus contratos, ni siquiera en la letra chiquita, pero ese fue para mí el principio del fin. Lo que pasó después muchos lo conocen: ir al banco, pedir formas de pago, ver soluciones. Nada. No pienso aburrirlos con esa historia que para mí está más que sepultada y que representa literalmente el tránsito del cielo al infierno para después subir de nuevo y gritar que ahora soy libre y estoy en paz. Durante ya casi tres años que tengo escribiendo en este espacio he hablado de cómo vi hacerse añicos mi mundo de oropel y tuve que trabajar muy duro para salir adelante. También he contado como sobreviví a la muerte de mi padre y cómo la sonrisa de mi hija, de entonces tres años fue mi combustible para no dejarme caer. Ahora, a la distancia, de lo único que en verdad me arrepiento es de no haberles mentado la madre a los banqueros en ese preciso momento. Me hubiera servido de desahogo, pero lo malo es que no hubiera aprendido tanto y no tendría el valor de decirle a las personas que me han hecho el favor de prestarme atención a lo largo de este tiempo que no se dejen, que no permitan que nadie los pisotee por deberle al banco y que se abracen a la vida con la fuerza que yo lo hice para salir adelante. En este tiempo me han dicho de todo: ratera, cínica, revoltosa, radical, inconforme, mala leche, etc. Pero quien me conoce en vivo y a todo color sabe que me vale lo que digan. Y no es por cinismo, es simplemente una cuestión de congruencia. Yo no le debo nada al banco y no tengo en absoluto de qué arrepentirme. Les pagué puntualmente durante 17 años, les di peso a peso mi dinero mientras se pudo y cuando no, pedí soluciones que nunca llegaron. La culpa no es mía. Si yo fuera realmente responsable de algo ya me hubieran hecho pagar porque nunca me he escondido. Es más, he pedido que me demanden para saber de qué lado masca la iguana. Los sigo esperando. En el inter, como siempre lo he dicho, nunca he pedido nada para mí. Ni siquiera pido que me lea quien no esté de acuerdo con lo que digo. Pido, y en eso trabajo día con día, que a las millones de familias que viven un infierno por deberle al banco alguien las ayude, se les informe, se les defienda. Que se modifiquen las leyes para que se meta a la cárcel a quien las ofenda y les cobre a gritos; que se castigue a las empresas que prometen las perlas de la virgen para estafarlos. Que se prohíba a los banqueros darles tarjetas a quienes saben de antemano no podrán pagar porque es hundirlos y aplastar al que menos tiene. Pero mientras eso sucede, me conformo con que quien atraviesa ese problema no se deje engañar y defienda su dignidad. No dejen que nadie los pisotee. La vida es mucho más que una deuda bancaria y yo cumplo cuatro años viendo a mi hija a los ojos y siendo completamente feliz. @Mar_Morales_
Tomado de http://miluchacontralausura.blogspot.mx/
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